La celebración del bicentenario y centenario se ha convertido en una diatriba contundente. Con poca organización, ingenio y articulación por parte de la Federación, los festejos de la mexicanidad parecen sombríos y, abyectamente, deslucidos en estas fechas patrias importantísimas en el orgullo nacional.
Al igual que en el centenario del natalicio de Benito Juárez, cuyos festejos apenas alcanzaron para cubrir oficialmente la obligación moral de la administración Federal de Vicente Fox, adverso ideológicamente a Juárez, de igual forma, se reitera la incapacidad actual, ya sea por apatía o contubernio de ideas y política en contra de la memoria histórica del pueblo de México.
No hay que olvidar que el Gobierno a nivel Federal, presidido por el PAN, representa a la derecha mexicana, al sector conservador, a aquellos que históricamente fueron vencidos por los idearios del pueblo y que al día de hoy, contradictoriamente, representan al Gobierno derrocado hace cien años, las ideas que, armadamente, se sometieron hace doscientos.
La mexicanidad, como concepto, no debe confundirse activamente con los gobiernos, ni la idea de la patria con la de los gobernantes. México es mucho más que la situación actual, que los ecos de inquietud que reinan, que la crisis social, política y económica en nuestro país. La nación, nuestra tierra, las raíces que nos unen, no pueden ser comparadas con la precaria condición del Estado y la apatía del mismo no debe transferirse a los caracteres de los mexicanos: Aunque haya poco que festejar por las acciones del gobierno, aunque no existan motivos de celebración en las guerras internas que aquejan al territorio, la fiesta del bicentenario no es la fiesta del Estado, sino la fiesta de todos los mexicanos.
La pretensión del gobierno que desde hace diez años ha imperado y tratado de imponerse en la conciencia de los mexicanos, ha sido la de la amnesia de la historia, la de la confabulación en contra de los intereses logrados en dos guerras libradas entre hermanos. Paulatinamente, recobrando poder para los círculos de la derecha, prorrogando las ideas de justicia social y progresismo, esta derecha ha obstaculizado el cauce de la historia e imponiendo olvido en cuestiones importantes de lo ya mencionado.
Durante las fiestas patrias, yo celebraré mi mexicanidady el orgullo que me causa ser parte de este gran país. Durante estas fechas insistiré en la conciencia histórica y en las grandes ideas que han servido a la patria. Estas son las fiestas del mexicano, no del gobierno.


