Hace más de diez años inició en el Estado de Jalisco un plan político de ultra derecha en pos de la búsqueda del poder. Un plan de proporciones magnas para la reconquista de los fueros perdidos. Una alucinación divina basada en demagogia barata de clases.
Poco a poco los grupos de presión han escalado las cúpulas gubernamentales tomando las posiciones más destacadas a nivel Federal y Estatal con miembros indiscretos en demasía, abusando del precario conocimiento del pueblo. Las oleadas de políticas reaccionarias han llevado al choque ideológico al más puro estilo del siglo XIX: Liberales frente a conservadores. El Estado Laico peligra ante la censura y la ignorancia impuesta por éstos gobernantes, llevando la educación hasta el punto del fideicomiso de la aberración.
Las prerrogativas dadas a todos los círculos e instituciones conservadoras que han llevado al poder a los grupos de presión ultra derechistas, manifiestan en su modo de actuar y de pensar un ortodoxo y enfermizo dogma teológico que estriba en la represión ideológica y de facto en la empresa social emprendida desde la independencia del país.
El dogma se enfrenta al laicismo, la reacción frente a la obra. El dogma se basa en la creencia no comprobable de hechos no verídicos; le otorga al hombre la verdad de la ignorancia y lo limita a un pensamiento definido e indebatible. El laicismo se funda sobre la mayor de las premisas humanas: La libertad. Le entrega un escenario lleno de oportunidades, de igualdad frente a cualquier pensamiento, de debate para el mejoramiento de culturas, de fraternidad. El laicismo no basa en dogma alguno la calidad de los hombres, les acepta por tal, por el simple hecho de ser, de existir. Acepta la individualidad de las personas, no se rige por absolutos, ni por colores, ni por religiones –no quiere decir ateísmo-. Busca la realización integral del hombre.
El Estado Laico por el cual se libraron cruentas guerras y costas de incontable sangre peligra en estos días frente a la falsa idea de Dios y Patria. La falaz mercadotecnia de ataque funciona ante los círculos devotos: Juárez es el diablo, el progreso y la soberanía son términos tergiversados de privilegios y legalidades. Hablar u opinar sobre ello lleva instantáneamente al pecado y, en nuestros días, hasta el delito.
No es racional regresar a los tiempos en que realmente la libertad era maniatada estrictamente por quitar la venda de la ignorancia. No es edad para matar en nombre de Dios y de la Nación por argumentos carentes de responsabilidad y sentido hacia el progreso de nuestros pobladores. El Estado Laico no es enemigo de la Iglesia ni del libre culto: El laicismo promueve el libre albedrío de los hombres, apoya las manifestaciones de los mismos, ya sean intelectuales o espirituales, nos transporta al mismo plano de garantías.
No podemos llegar de nuevo a la edad media, donde se pensaba que la tierra era plana y que los indios no tenían alma. ¿Requerimos de nuevas guerras para instaurar el orden de libertad, igualdad y fraternidad entre los seres humanos?. Falta mucho para que vuelvan hombres como Miguel Hidalgo, Vicente Guerrero, José María Morelos y Emilio Zapata. Falta poco para que desmoronen lo restante de las Instituciones que le dieron vida real a la Nación que hoy nos abriga.
Política, intervenciones nacionales, dogmas… si Juárez viviera…